Los verbos: la pieza que le falta al vocabulario de tu hijo
¿Tu hijo ya dice "perro", "agua" y "más", pero sus frases no terminan de despegar? Hay una pieza que a muchos niños pequeños les tarda más en llegar, y casi siempre pasa desapercibida entre los padres: los verbos. Esas palabras de acción que dan movimiento y sentido a todo lo que el niño quiere decir.
Imagina escuchar solo sustantivos: "pelota… mamá… parque". Ahora agrega un verbo: "¡Lanza la pelota, mamá, en el parque!" La diferencia no es menor. Los verbos son los que conectan las ideas, construyen las frases y, con el tiempo, abren la puerta a la gramática completa del lenguaje. Sin ellos, el vocabulario crece, pero el lenguaje se queda corto.
En Cerebros en Acción trabajamos con niños y familias todos los días, y una de las preguntas que más nos hacen los papás y las mamás es: "¿Por qué mi hijo tiene tantas palabras pero no combina?" La respuesta, muy frecuentemente, está en los verbos.
¿Por qué los verbos son tan importantes?
Cuando hablamos del desarrollo del lenguaje en niños pequeños, pensamos primero en las palabras: cuántas dice, si nombra objetos, si pide cosas. Pero el vocabulario de un niño no funciona igual que una lista de sustantivos.
Los verbos son el esqueleto de las oraciones. Son las palabras que le dicen al oyente qué está pasando: quién hace qué, con quién, dónde. Un niño que solo usa sustantivos puede señalar objetos y nombrarlos, pero no puede narrar, no puede pedir con precisión, no puede contar lo que le pasó en el jardín. El lenguaje se queda sin movimiento.
Desde el punto de vista del desarrollo del lenguaje —específicamente de la morfología y la sintaxis—, los verbos son la estructura central de las oraciones. Un niño que comienza a combinar verbos con sustantivos está dando el salto más importante hacia la gramática: ya no solo nombra el mundo, sino que lo describe y lo narra.
Y hay algo más que los estudios han confirmado reiteradamente: los niños que incorporan más verbos a los dos años muestran habilidades gramaticales más avanzadas apenas seis meses después.[1] No es una coincidencia. La variedad de verbos predice directamente la complejidad de las frases.
¿Cuándo aparecen los verbos y qué esperar?
El desarrollo de los verbos sigue un camino bastante predecible, aunque con variaciones individuales que son normales y esperadas.
Alrededor de los 18 meses, muchos niños ya tienen algunas palabras de acción en su vocabulario: "ven", "dame", "cayó", "come". No son muchos, pero están ahí. Con frecuencia aparecen primero en contextos de rutina, ligados a situaciones que el niño vive una y otra vez: la hora de la comida, el baño, el juego.
Hacia los 24 meses, el repertorio de verbos empieza a diversificarse. Los datos normativos del Inventario MacArthur de Desarrollo Comunicativo indican que un niño en desarrollo típico puede manejar alrededor de 40 verbos diferentes a esta edad.[2] Eso no significa que los use todos perfectamente, pero sí que los comprende y comienza a incluirlos en sus combinaciones. Si a los dos años tu hijo tiene menos de 10 verbos, pero su vocabulario general está creciendo de forma constante y notas que cada mes agrega palabras nuevas, la situación merece atención pero no alarma. Lo que sí requiere una mirada especializada es cuando el inventario de verbos se estanca y no hay crecimiento sostenido mes a mes.
Un dato que vale la pena conocer: la investigación ha documentado que el sexo del niño explica una parte significativa de la variabilidad en el desarrollo morfosintáctico entre los 21 y los 30 meses, con diferencias que tienden a equilibrarse hacia el final de ese período.[3] Esto no significa que haya que comparar entre hermanos o entre niños del jardín —cada niño tiene su propio ritmo— pero sí ayuda a entender que las variaciones son parte del cuadro normal del desarrollo.
La siguiente línea de tiempo muestra cómo evoluciona el vocabulario de acción durante los primeros tres años, para que tengas una referencia clara del camino esperado:
Los verbos que los niños suelen aprender primero
No todos los verbos son iguales para un niño pequeño. Hay acciones que son visibles, concretas, fáciles de demostrar y repetidas muchas veces al día. Esas son las que los niños aprenden antes, porque el lenguaje se ancla siempre en la experiencia vivida.
Los verbos de acción física inmediata —los que el niño puede ver, hacer o sentir— son los primeros en aparecer. Palabras como "come", "bebe", "cae", "salta", "abre", "cierra", "empuja" y "mira" tienen algo en común: cada una describe algo que pasa frente a los ojos del niño o que él mismo ejecuta con su cuerpo.
Después vienen los verbos de interacción social: "ven", "mira", "dame", "ayuda". Estos están estrechamente ligados al área de comunicación temprana, y aparecen porque el niño aprende que ciertas palabras producen resultados concretos: decir "dame" hace que algo llegue a sus manos.[4]
Más adelante, cuando el niño empieza a representar el mundo en su mente, llegan los verbos de estado y de juego simbólico: "duerme", "llora", "quiere", "tiene". Estos son más abstractos y requieren que el niño ya tenga cierta capacidad de imaginar o atribuir estados internos a otros.
Conocer este orden no es solo información académica: es una guía práctica para saber qué verbos introducir primero con tu hijo y en qué contextos tiene más sentido hacerlo.
| Aspecto | Verbos de acción física | Verbos de estado / simbólicos |
|---|---|---|
| Cuándo aparecen | 12–24 meses | 24–36 meses |
| Ejemplos | come, salta, cae, empuja, abre | duerme, llora, quiere, tiene, piensa |
| Por qué son fáciles | Se pueden ver y demostrar | Se anclan en el juego simbólico |
| Cómo enseñarlos | Mostrar la acción mientras se nombra | Usar muñecos y escenas de juego |
¿Cómo puedes ayudar a tu hijo a aprender más verbos?
Esta es la parte que más importa a los padres, y con razón: la mejor estimulación del lenguaje no ocurre solo en el consultorio. Ocurre también en la casa, en el parque, en la hora de la comida. Los adultos más cercanos al niño —papás, mamás, cuidadores— son sus mejores modelos lingüísticos. Aquí te compartimos cuatro estrategias que puedes aplicar desde hoy:
1. Crea un inventario de los verbos que ya usa tu hijo
Antes de enseñar, observa. Durante una semana, anota los verbos que tu hijo usa espontáneamente: los que dice él solo, no los que repite cuando se le pide directamente. Escríbelos en una libreta o en el celular. Este ejercicio te va a sorprender —probablemente hay más de los que crees—, y también te va a mostrar los vacíos: los verbos que el niño entiende pero no usa todavía, y los que aún no forman parte de su mundo.
Este inventario también es una herramienta valiosa si decides consultar con una fonoaudióloga. En una evaluación del lenguaje infantil, el inventario de verbos es uno de los indicadores más informativos para entender el perfil expresivo del niño y trazar un plan de estimulación personalizado.[1]
2. Conecta los verbos con lo que a tu hijo le encanta
Los niños no aprenden vocabulario de listas. Lo aprenden de experiencias que les importan y les emocionan. Si a tu hijo le fascina el agua, usa el momento del baño para nombrar acciones: "vierte", "salpica", "llena", "vacía". Si le apasionan los carros, habla de lo que hacen: "el carro corre", "chocaron", "frena", "da vuelta".
La clave está en vincular las palabras nuevas con contextos de alta motivación. Cuando el niño está emocionado, su atención está al máximo y su cerebro está más receptivo para registrar palabras nuevas. No hay que buscar momentos especiales: las oportunidades ya están ahí, distribuidas a lo largo del día, en el juego de todos los días.
3. Demuestra la acción mientras la nombras
Los verbos son más difíciles de aprender que los sustantivos precisamente porque son invisibles: no puedes señalar la palabra "correr" como puedes señalar una manzana. Por eso, la estrategia más efectiva para enseñar verbos es combinar la palabra con la acción de forma simultánea.[4]
Cuando estés jugando, nómbralo todo en movimiento: "empuja el carro", "salta el conejo", "cayó la torre". Si estás jugando con muñecos, haz que los personajes actúen mientras describes lo que hacen. Si el niño está corriendo en el parque, di "corres, corres rápido" mientras él corre. El lenguaje y la experiencia corporal se anclan juntos en la memoria del niño.
Este principio —unir palabra y acción— es especialmente poderoso en edades tempranas, cuando el niño todavía está construyendo los fundamentos de su comunicación temprana y su memoria léxica depende en gran medida de los contextos sensoriales y motores.
4. Repite los verbos en muchos contextos diferentes
Una palabra aprendida en un solo contexto no está realmente aprendida. Para que un verbo quede consolidado en el vocabulario del niño, necesita encontrarlo en situaciones distintas, con personas distintas y en momentos distintos del día.
El verbo "abre", por ejemplo, puede aparecer en la mañana cuando se abre la nevera, en el jardín cuando se abre la mochila, en el parque cuando se abre una botella de agua, en casa cuando se abre un libro. Cada repetición en un contexto nuevo refuerza la representación mental del verbo y lo hace más accesible para el niño cuando necesita usarlo espontáneamente.
Esta repetición variada —lo que la investigación llama exposición distribuida en múltiples contextos— es uno de los principios más respaldados para consolidar el vocabulario infantil a largo plazo.[5]
La siguiente ilustración resume cómo usar estas cuatro estrategias de forma secuencial durante cualquier momento de juego:
¿Y si los verbos simplemente no llegan?
Hay familias que prueban estas estrategias durante semanas y el vocabulario de acción de su hijo simplemente no despega. Si llevas varios meses observando que los verbos no crecen, que las frases no emergen, o que el lenguaje en general parece estancado, ese es el momento de pedir una evaluación especializada.
No significa que algo esté "mal" con tu hijo. Significa que hay algo que vale la pena entender mejor con el apoyo de alguien formado para hacerlo. En una evaluación de lenguaje con una fonoaudióloga, se examina tanto lo que el niño comprende como lo que produce, y se identifican exactamente qué áreas del lenguaje necesitan apoyo: si es el vocabulario, la morfología, la sintaxis o una combinación de varias. A partir de ahí se construye un plan de estimulación que encaja con ese niño y con esa familia.
Lo que sabemos con certeza es esto: intervenir temprano siempre es mejor que esperar.[6] El cerebro de un niño entre uno y cuatro años está en su momento de mayor plasticidad —su capacidad de aprender y reorganizarse es extraordinaria. Cada mes cuenta.
En Cerebros en Acción ofrecemos evaluaciones de lenguaje presenciales en Medellín y también en modalidad virtual para familias en toda Colombia y en Estados Unidos. Si tienes dudas sobre el desarrollo de tu hijo, no tienes que esperar a que el pediatra lo note: puedes consultarnos directamente.
Tú eres el primer y mejor maestro de lenguaje de tu hijo
Los estudios en lingüística y fonoaudiología son claros en un punto que quizás no siempre se dice con suficiente énfasis: la cantidad y la calidad del lenguaje que los niños escuchan en casa predice directamente su desarrollo comunicativo.[3] No hay aplicación, ni video educativo, ni juguete de estimulación que reemplace la conversación real con un adulto que ama a ese niño.
Tu voz, tus palabras, los verbos que usas mientras cocinas, bañas, juegas o caminas con tu hijo —todo eso es lenguaje que él está absorbiendo y procesando todo el tiempo. No tiene que ser perfecto ni estructurado. Solo tiene que ser frecuente, amoroso y presente.
Así que la próxima vez que estés en el parque con tu hijo, no le digas solo "mira el perro". Dile: "el perro corre, salta, mueve la cola". Ese pequeño cambio, repetido cientos de veces en cientos de contextos diferentes, es exactamente cómo se construye el lenguaje.
Referencias
- Hadley, P. A., Rispoli, M., & Hsu, N. (2016). Toddlers' verb lexicon diversity and grammatical outcomes. Language, Speech, and Hearing Services in Schools, 47(1), 44–58. doi:10.1044/2015_LSHSS-15-0018
- Fenson, L., Dale, P. S., Reznick, J. S., Bates, E., Thal, D. J., & Pethick, S. J. (1994). Variability in early communicative development. Monographs of the Society for Research in Child Development, 59(5), 1–173. PMID: 7845413.
- Hadley, P. A., Rispoli, M., Fitzgerald, C., & Bahnsen, A. (2011). Predictors of morphosyntactic growth in typically developing toddlers: Contributions of parent input and child sex. Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 54(2), 549–566. doi:10.1044/1092-4388(2010/09-0216)
- Tomasello, M., & Kruger, A. C. (1992). Joint attention on actions: Acquiring verbs in ostensive and non-ostensive contexts. Journal of Child Language, 19(2), 311–333. doi:10.1017/S0305000900011430
- Hadley, P. A., Rispoli, M., Fitzgerald, C., & Bahnsen, A. (2011). Predictors of morphosyntactic growth in typically developing toddlers: Contributions of parent input and child sex. Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 54(2), 549–566. doi:10.1044/1092-4388(2010/09-0216)
- American Speech-Language-Hearing Association (ASHA). (2008). Roles and responsibilities of speech-language pathologists in early intervention: Guidelines. ASHA. asha.org/policy/gl2008-00293