Hitos del desarrollo a los 4 años: guía desde terapia ocupacional e integración sensorial

Hitos del desarrollo a los 4 años: guía desde terapia ocupacional e integración sensorial
Por Natalia Sánchez, Fonoaudióloga · Cerebros en Acción, Medellín
Tarjeta Profesional ASOFONO · RUN 15-03210 · Registro ReTHUS vigente

Tu hijo de 4 años ya parece un "niño grande"

De pronto pasa: una mañana tu hijo se pone solo la camiseta (al revés, sí, pero solo), te cuenta una historia larguísima sobre un dragón que vive debajo de su cama y, en el parque, se acerca a otros niños y les propone un juego. Sientes ese cosquilleo de orgullo… y enseguida la pregunta: "¿está haciendo todo lo que debería para su edad?", "¿es normal que aún le cueste tal cosa?". Es una etapa preciosa y, también, llena de dudas.

A los 4 años hay un salto enorme en la forma en que el cerebro y el cuerpo trabajan juntos. Las manos hacen más, el cuerpo planea mejor sus movimientos, los sentidos se organizan con más eficiencia, las emociones empiezan a regularse con herramientas nuevas y la independencia florece. Es como si tu hijo, de repente, tuviera muchas más piezas con qué jugar.

En este blog vamos a recorrer juntos varias áreas que la terapia ocupacional observa a esta edad: motricidad fina y visomotora, coordinación y planeación motora, juego social, autocuidado, atención, organización en rutinas y regulación emocional. También veremos cómo el procesamiento e integración sensorial funciona como una base transversal que puede facilitar —o dificultar— la participación de tu hijo en todas esas actividades. Léelo con tranquilidad: no es una lista para angustiarse, es un mapa para acompañar. Y sí, también te vamos a contar cuándo vale la pena pedir una mano experta.


¿Qué observa y trabaja la terapia ocupacional en la infancia?

Cuando hablamos de terapia ocupacional con integración sensorial, muchos papás piensan que se trata solo de "hacer ejercicios con las manos". En realidad, la TO mira a tu hijo de manera integral: cómo usa sus manos y sus ojos, cómo organiza su cuerpo, cómo responde a los estímulos del ambiente, cómo se regula, cómo juega con otros y cómo participa en sus rutinas diarias. Es una mirada que ve al niño completo, en su día a día real.

A los 4 años, la TO observa varias áreas de participación. No todas están en el mismo nivel: algunas son habilidades visibles en la vida diaria, y otras —como el procesamiento e integración sensorial— funcionan como una base que puede influir en muchas de ellas.

  • Motricidad fina y visomotora: cómo coordina manos y ojos para tareas precisas (agarrar el crayón, recortar, abrochar un botón).
  • Coordinación y planeación motora: cómo organiza su cuerpo para trepar, saltar, imitar movimientos, entrar a un juego o resolver una actividad motora nueva.
  • Juego y participación social: cómo se conecta con otros niños, cómo comparte, cómo espera turnos y cómo inventa historias en grupo.
  • Autocuidado: cómo participa en vestirse, comer, lavarse, ir al baño o llevar el plato a la cocina.
  • Atención y organización en rutinas: cómo permanece en una actividad, sigue pasos sencillos, tolera transiciones y termina tareas con apoyo adecuado.
  • Regulación emocional y conductual: cómo vuelve a la calma con apoyo del adulto, cómo maneja la frustración y cómo se adapta a los cambios.
  • Procesamiento e integración sensorial: cómo su sistema nervioso recibe, organiza y responde a la información del movimiento, el tacto, los sonidos, las texturas, la fuerza del cuerpo y el ambiente.

Cada una de estas áreas vive en la vida real del hogar: en el momento de vestirse, en la rabieta de las 5 de la tarde, en el rompecabezas que armó con la abuela, en la salida al parque. Por eso, en Cerebros en Acción creemos que el hogar es el mejor escenario terapéutico y los papás son co-terapeutas: nadie conoce a tu hijo como tú, y nadie pasa más tiempo con él en sus rutinas reales.

Cuando además del cuerpo y los sentidos hay desafíos en cómo tu hijo se comunica —cómo pide, cuenta, pronuncia o entiende— la fonoaudiología trabaja en equipo con la TO. Esa mirada conjunta permite acompañar a tu hijo de manera integral, entendiendo cómo se conectan su cuerpo, sus sentidos, su comunicación, su juego y sus rutinas diarias.

Aquí tienes una imagen rápida de algunas áreas que la terapia ocupacional observa a los 4 años.

Lo que observa la TO a los 4 años
Algunas áreas se ven en la vida diaria; otras funcionan como base para que esas habilidades puedan aparecer.
Autocuidado
“Participa al vestirse, lavarse las manos o ponerse los zapatos con menos ayuda.”
Juego y participación social
“Comparte, espera turnos, inventa roles y juega con otros niños.”
Motricidad fina y visomotora
“Usa crayones, ensarta, arma rompecabezas, recorta o dibuja con más control.”
Coordinación y planeación motora
“Trepa, salta, imita movimientos y organiza su cuerpo para jugar.”
Regulación emocional y conductual
“Tolera mejor las transiciones y se calma con apoyo del adulto.”
Atención y organización en rutinas
“Sigue pasos sencillos, permanece en una actividad y termina tareas con apoyo adecuado.”
Procesamiento e integración sensorial

Es una base transversal: influye en cómo el niño responde al movimiento, al tacto, al sonido, a las texturas, a la fuerza de su cuerpo y a las demandas del ambiente.


Hitos de motricidad fina y coordinación visomotora a los 4 años

A los 4 años, las manos de tu hijo se vuelven verdaderas herramientas de exploración. Lo que antes era un agarre torpe del crayón ahora se parece más a una pinza precisa; lo que antes era un garabato es hoy una persona con cabeza, ojos y dos piernas. Esto pasa porque las manos, los ojos y la planificación motora —ese "plan" mental que el cerebro arma antes de mover— ya empezaron a trabajar verdaderamente en equipo.

Estos son algunos de los hitos esperables a esta edad, traducidos a la vida cotidiana:

  • Dibuja una persona con tres o más partes del cuerpo. Quizás te trae un dibujo con cabeza, piernas y "los brazos que salen de la cabeza" — eso cuenta.
  • Copia una cruz, un cuadrado y otras formas simples. Si le muestras una forma, intenta replicarla.
  • Empieza a copiar letras o a escribir su nombre. No tiene que estar perfecto: las letras pueden estar grandes, torcidas o al revés. Está bien.
  • Agarra el crayón con pinza madura (tres dedos), aunque a veces se le devuelva al puño cuando está cansado.
  • Colorea cada vez más dentro de la línea, con saliditas.
  • Recorta siguiendo una línea con tijeras, sosteniéndolas con la mano dominante.
  • Ensarta cuentas pequeñas, arma collares, hace caminos.
  • Construye torres y puentes con bloques, copiando un modelo.
  • Abrocha botones grandes y medianos (los pequeños siguen siendo un desafío).
  • Arma rompecabezas de 8 a 12 piezas sin tanta ayuda.
  • Atrapa pelotas más pequeñas que le lanzas a corta distancia.

Piensa en esto la próxima vez que tu hijo se sienta a armar su rompecabezas favorito, intente escribir su nombre en un dibujo para la abuela, o te ayude a ensartar las cuentas de un collar para jugar[2]. Esas escenas, aparentemente simples, están construyendo las bases de la escritura, del trazo y de la coordinación que necesitará en el colegio.

Una nota importante: estas habilidades no se "entrenan" con planas. Se construyen jugando — manipulando masa, jugando con agua y pintura, ensartando, rompiendo papel, ayudando a amasar en la cocina, abriendo y cerrando frascos. El juego es el camino.

Hitos clave de motricidad fina a los 4 años
Una lista rápida para revisar cuáles ya están presentes en el día a día.
Dibuja una persona con 3+ partes del cuerpo
Visomotor
Copia formas simples (cruz, cuadrado)
Visomotor
Escribe o copia las letras de su nombre
Visomotor
Motricidad fina
Agarra el crayón con tres dedos (pinza madura)
Motor fino
Recorta con tijeras siguiendo una línea
Motor fino
Abrocha botones medianos
Motor fino
Arma rompecabezas de 8 a 12 piezas
Motor fino
Si varios de estos hitos no están presentes, vale la pena observar con detalle.

Si notas que tu hijo se frustra mucho cuando dibuja o escribe, evita el lápiz y las tijeras, sus trazos no se parecen a los de otros niños de su edad, o sus manos se cansan rápido, una valoración en terapia ocupacional con integración sensorial puede dar claridad temprana. No es para alarmarte — es para entender qué está pasando y cómo acompañarlo.


Regulación, procesamiento sensorial y participación a los 4 años

Aquí conviene hacer una distinción importante. La regulación emocional y la integración sensorial están relacionadas, pero no son lo mismo. La regulación emocional tiene que ver con cómo tu hijo maneja la frustración, los cambios, la espera y las emociones grandes. El procesamiento e integración sensorial tiene que ver con cómo su sistema nervioso recibe, organiza y responde a lo que entra por los sentidos: movimiento, tacto, sonido, texturas, presión, fuerza corporal y ambiente.

Cuando el sistema sensorial está bien organizado, suele ser más fácil que el niño esté disponible para jugar, aprender, atender, vestirse, comer, participar en grupo y volver a la calma con apoyo. Pero no todo desborde es sensorial. Un niño también puede desregularse por hambre, sueño, lenguaje, frustración, límites poco claros, cambios familiares o funciones ejecutivas todavía inmaduras. Por eso la TO no mira una conducta aislada: mira el patrón completo y cómo impacta la participación diaria.

Algunas señales que esperamos ver, de manera gradual, a los 4 años:

  • Se sienta de 10 a 15 minutos en una actividad que le gusta (un cuento, un rompecabezas, dibujar), especialmente cuando el ambiente está organizado.
  • Participa en rondas, cuentos colectivos y actividades grupales en el jardín, sin escaparse o desbordarse cada pocos minutos.
  • Tolera mejor las transiciones entre actividades —de jugar a comer, de la casa al carro, del parque a la casa— aunque todavía necesite anticipación y apoyo.
  • Responde mejor a sonidos, texturas y movimiento cotidianos, sin que esos estímulos limiten de forma constante su juego, su autocuidado o su participación en grupo.
  • Se anima a tirarse por el rodadero alto, treparse o colgarse, con confianza creciente y buscando seguridad cuando la necesita.
  • Empieza a calmarse con apoyo verbal del adulto o con una estrategia conocida, sin necesitar siempre contención física completa.

Dentro de la integración sensorial, la TO observa de cerca varios sistemas. Tres de los más importantes en la participación diaria son:

  • El sistema vestibular — el del movimiento y el equilibrio. Está en el oído interno y le dice a tu hijo dónde está su cuerpo en el espacio, si está derecho, girando, cayendo. Cuando está bien organizado, tu hijo se anima a moverse, trepar, balancearse.
  • El sistema propioceptivo — la conciencia del cuerpo. Es la información que llega desde los músculos y articulaciones, y le permite a tu hijo saber cuánta fuerza usar al abrazar, al cargar la mochila, al apoyar el lápiz en el papel.
  • El sistema táctil — cómo procesa lo que toca y lo que lo toca. Las costuras de la ropa, la textura del arroz, la sensación del agua en la cara, el abrazo inesperado[1].

Cuando estos sistemas trabajan bien juntos, tu hijo suele estar más disponible para aprender, jugar y conectar. Cuando alguno está sobrecargado o subreaccionando, el comportamiento que ves desde afuera puede volverse confuso: rabietas que parecen "sin razón", evitación de actividades, búsqueda intensa de movimiento, miedo al baño, rechazo al cepillado de dientes o dificultad para permanecer en actividades de grupo.

¿Cómo está regulándose tu hijo con apoyo?
Un espectro de cuatro puntos para observar la regulación emocional sin confundirla automáticamente con integración sensorial.

Se desregula con frecuencia
Llora, grita o golpea sin lograr bajar fácilmente
Necesita mucho apoyo del adulto
Necesita presencia cercana, modelado y acompañamiento
Se calma con apoyo verbal y cercanía
“Respira” + presencia = empieza a regularse
Usa estrategias conocidas
Pide pausa, busca ayuda o vuelve a intentarlo
A los 4 años esperamos un movimiento gradual hacia más regulación con apoyo, pero cada niño tiene su ritmo y su perfil.

Si tu hijo todavía se tapa los oídos con sonidos cotidianos, evita texturas en la comida o en la ropa, pelea cada mañana con las medias, las costuras o las etiquetas, se desregula con cualquier transición, busca movimiento de manera intensa o necesita siempre el mismo nivel de contención completa para calmarse, no es "manía" ni "consentimiento". Puede ser una señal de que su sistema sensorial, sus habilidades de regulación o ambos necesitan una mirada más cercana.

Aquí, una valoración en terapia ocupacional con integración sensorial puede ayudar a entender qué está pasando. La meta no es etiquetar al niño, sino identificar qué procesos están interfiriendo con su participación diaria y cómo acompañarlo mejor en casa, en el jardín y en sus rutinas.


Hitos cognitivos a los 4 años

A los 4 años hay una verdadera montaña de aprendizaje cognitivo en marcha. Y aquí va la buena noticia: la mayor parte de ese aprendizaje sucede jugando. No en una clase, no con una cartilla, no con flashcards. Jugando.

Estos son algunos hitos cognitivos esperables a esta edad:

  • Entiende el concepto de igual y diferente. "Estos dos son iguales", "este es distinto" — lo dice y lo aplica.
  • Identifica colores y formas básicas. Reconoce y nombra rojo, azul, amarillo, verde, círculo, cuadrado, triángulo.
  • Cuenta con números pequeños. Cuenta hasta 5 o 10 con sentido (no solo de memoria), y empieza a entender qué significa "tres galletas" o "dos zapatos".
  • Empieza a comprender conceptos de tiempo. Mañana/noche, antes/después, hoy/mañana — aunque "ayer" todavía puede significar "hace cinco minutos".
  • Resuelve problemas simples. Si una pieza no entra, gira el rompecabezas. Si el carro se atasca, busca una rampa.
  • Sigue instrucciones de 2 a 3 pasos. "Trae tu zapato, póntelo y ven a la mesa" — y lo logra (la mayoría de las veces).
  • Entiende causa y efecto. "Si lleno mucho el vaso, se riega"; "si grito en la biblioteca, mamá se enoja".
  • Clasifica objetos por color, forma o función. Junta todos los carritos, separa los animales, agrupa los que son redondos.
  • Desarrolla pensamiento simbólico. Ese momento mágico donde un cepillo se vuelve micrófono, una caja se vuelve carro, una manta se vuelve capa de superhéroe.

Desde la mirada de la TO, vale la pena recordar algo importante: muchas de estas habilidades cognitivas se apoyan en la regulación, la atención y la disponibilidad corporal y sensorial del niño. Cuando un niño no logra concentrarse en una tarea cognitiva, sostener una historia o seguir una instrucción, a veces el desafío de fondo no es "no entiende" o "no es inteligente", sino que su sistema está sobrecargado o sus funciones ejecutivas todavía se están construyendo. Es por eso que evaluamos al niño completo, no por partes.

Mi mejor consejo: observa estas habilidades en el juego natural, no en pruebas formales. En la cocina, en el parque, mientras arman algo juntos, mientras inventan historias con muñecos. Ahí es donde la cognición de tu hijo se muestra más auténtica.


Hitos de juego social a los 4 años

A los 4 años el juego deja de ser paralelo —ese juego en el que dos niños están al lado uno del otro pero cada uno en su propio mundo— y se vuelve verdaderamente cooperativo[4]. Tu hijo busca a otros niños, se mete en sus juegos, propone los suyos. Empieza a compartir (con altibajos, totalmente normales), a tomar turnos, a meterse en juegos con roles: "tú eres el doctor, yo soy la mamá del bebé que está enfermo".

Algunas señales del juego social a esta edad:

  • Inventa historias largas y complejas con sus muñecos, carritos o disfraces.
  • Asume roles y los sostiene durante varios minutos: papá, mamá, doctor, profe, perrito.
  • Negocia con palabras (la mayoría de las veces): "yo primero", "ahora tú", "no, así no".
  • Muestra empatía real. Si un amigo se cae, se acerca, lo abraza, le ofrece su juguete. Si tú estás triste, te pregunta qué pasa.
  • Disfruta los juegos con reglas simples —escondidas, atrapadas, "el lobo está dormido"— aunque a veces las reglas se las invente sobre la marcha.
  • Empieza a tener amigos preferidos y a hablar de ellos en casa.

El juego pretendido —jugar a la casita, al colegio, al doctor, al supermercado— no es solo entretenimiento. Es donde tu hijo ensaya emociones, procesa miedos (jugar al doctor después de la vacuna, por ejemplo), construye habilidades sociales y experimenta lo que es ser otro[3]. Es uno de los músculos más importantes de esta edad.

10–15
minutos de atención sostenida en una actividad que le gusta
2–3
pasos de instrucción que logra seguir en orden
8–12
piezas de rompecabezas que arma con poca ayuda

Desde la lente de la TO, el juego social puede verse influido por el procesamiento sensorial y la regulación. Un niño que se desregula con facilidad, que rechaza el contacto físico, que se asusta con los ruidos del grupo o que necesita mucho movimiento para estar disponible, puede tener dificultades para sostener juegos cooperativos — y eso a veces se confunde con "es tímido" o "es difícil". No es ninguna de las dos cosas: es un niño que necesita ser entendido desde su perfil completo.

Cuando además hay desafíos en el lenguaje pragmático —cómo tu hijo usa las palabras para pedir, negociar, contar, mantener una conversación— la fonoaudiología complementa el trabajo de la TO. Las dos áreas se entrelazan más de lo que parece.

Si tu hijo todavía juega más solo que con otros, le cuesta entrar a un grupo en el parque, o se aleja cuando otros niños se acercan, no significa que algo esté "mal". Pero sí vale la pena observarlo con detalle, sobre todo si lo ves en varios contextos diferentes (jardín, parque, fiestas, primos).


Hitos de autocuidado: la independencia florece

Esta es una de las secciones más emocionantes para los papás. Un día, casi sin avisar, tu hijo te dice "yo solito" — y lo logra. Se viste, se pone los zapatos, abre el grifo, se sirve el jugo, lleva su plato al lavaplatos. Se siente grande, y tú también.

Estos son los hitos de autocuidado esperables a los 4 años:

  • Se viste y se desviste con poca ayuda. Camiseta, pantalón, calzones — solo. A veces al revés, a veces con la etiqueta adelante: está bien.
  • Maneja cremalleras grandes y botones medianos. Los botones pequeños y los broches todavía cuestan.
  • Va al baño solo — se baja el pantalón, hace pipí, se limpia (no perfecto), tira la cadena, se sube el pantalón.
  • Se lava las manos solo — abre el grifo, se enjabona, se enjuaga, se seca.
  • Usa cubiertos y vaso casi sin ayuda. Maneja la cuchara y el tenedor con seguridad; el cuchillo (sin filo) empieza a aparecer.
  • Empieza a ponerse los zapatos solo, aunque a veces se los cambia de pie.
  • Todavía necesita ayuda con cordones — eso llega más cerca de los 5 o 6 años.
  • Participa en pequeñas tareas del hogar. Recoge sus juguetes, lleva el plato al lavaplatos, ayuda a poner la mesa, "barre" con su escoba.

Lo que pocas veces se cuenta es que cada una de estas rutinas integra varias habilidades a la vez. Vestirse, por ejemplo, requiere motricidad fina (los botones), planificación motora (qué prenda va primero), procesamiento sensorial (las texturas, las costuras, las medias), secuenciación cognitiva (los pasos en orden) y autorregulación emocional (no frustrarse cuando la camiseta se atora en la cabeza). Por eso, cuando una rutina de autocuidado falla repetidamente, no es pereza ni capricho — hay varios sistemas trabajando a la vez[5].

Aquí tienes una rutina matutina típica a los 4 años, con las habilidades que se integran en cada paso:

La rutina matutina de un niño de 4 años
Cinco pasos cotidianos donde se integran motricidad, sensorialidad y secuenciación.
1
Despertar y salir de la cama
Regulación al despertar
2
Vestirse solo
Motor fino + secuencia de prendas
3
Lavarse cara y manos
Sensorial: agua, jabón
4
Desayunar con cubiertos
Motor fino + agarre
5
Ponerse los zapatos
Planeación motora + motricidad fina
Cada paso parece pequeño, pero integra varios sistemas trabajando juntos.

Cuando un niño de 4 años se resiste sistemáticamente a vestirse, no tolera ciertas texturas de ropa o de comida (siempre la misma camiseta, nunca esos pantalones), evita lavarse las manos o el pelo con desbordes intensos, o no logra organizar la secuencia de pasos de una rutina conocida, puede haber un componente sensorial detrás — y entender cuál es el trabajo que hace la terapia ocupacional con integración sensorial puede ser el primer paso para acompañarlo bien. No es un berrinche por capricho.

Algunas ideas concretas para acompañar el autocuidado en casa:

1
Deja tiempo extra en la mañanaApurar a un niño que está aprendiendo a hacerlo solo termina en frustración para ambos.
2
Ofrece opciones limitadas de ropa"¿La camiseta azul o la roja?" — para que sienta que decide sin abrumarse.
3
Convierte el lavado de manos en juegoCantar una canción mientras se enjabonan, contar hasta 20, hacer burbujas.
4
Celebra el "yo solito"Aunque el resultado no sea perfecto. Lo que importa es el intento, no el zapato derecho.

El hogar es donde estas habilidades se construyen mejor. Y tú, como mamá o papá, eres el mejor aliado.


¿Y si tu hijo no está alcanzando algunos hitos? Qué hacer hoy

Quiero decirte algo importante antes de cualquier otra cosa: notar algo no es alarmarse, es ser un papá o una mamá atenta. Y pedir una valoración no compromete a iniciar un tratamiento — es una conversación, un mapa, una claridad que te corresponde tener como cuidador.

Si después de leer este recorrido sientes que varias señales te resuenan —tu hijo se frustra mucho con tareas finas, le cuesta regularse después de cualquier transición, evita el juego con otros niños, depende de ti para rutinas que ya debería iniciar solo, o el autocuidado se ha vuelto una batalla diaria— vale la pena buscar claridad temprana.

¿Por qué insistimos tanto en lo "temprano"? Porque la intervención antes de que tu hijo entre al colegio formal abre las mejores oportunidades. Prepara las manos para la escritura, el cuerpo para sostener la silla durante la jornada, los sentidos para tolerar el aula con sus 25 niños y sus ruidos, y las emociones para la separación, el grupo y las reglas nuevas. Llegar al colegio con esas bases construidas es muy diferente a llegar y descubrir que cada día es un mar de desafíos.

En Cerebros en Acción acompañamos justo eso. Somos un equipo certificado en integración sensorial, terapia ocupacional y fonoaudiología que trabaja en conjunto — no en silos. Integramos el hogar como espacio terapéutico, ofrecemos sesiones presenciales y en línea, y tenemos un programa de coaching para papás porque sabemos que tú eres el motor más poderoso del progreso de tu hijo.

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Preguntas frecuentes sobre los 4 años

1. ¿Qué debería estar haciendo en promedio un niño de 4 años?

Un niño de 4 años, en líneas generales, ya viste y se desviste con poca ayuda, agarra el crayón con tres dedos, dibuja una persona reconocible, sigue instrucciones de 2 a 3 pasos, juega cooperativamente con otros niños, inventa historias largas, y se calma con apoyo del adulto sin necesitar siempre contención completa. Más que una lista para chequear, piensa en un niño que está disponible para aprender, jugar y conectar — eso es lo central a los 4 años.

2. ¿Qué debería saber a los 4 años?

Cognitivamente, esperamos que reconozca colores básicos y formas, cuente con sentido hasta 5 o 10, entienda igual/diferente, clasifique por color o función, comprenda conceptos básicos de tiempo (mañana/noche, antes/después), siga instrucciones de varios pasos y muestre pensamiento simbólico en el juego.

Referencias

  1. Ayres, A. J. (1972). Sensory Integration and Learning Disorders. Western Psychological Services.
  2. Centers for Disease Control and Prevention. (2022). Learn the signs. Act early: Developmental milestones — 4 years. U.S. Department of Health and Human Services. https://www.cdc.gov/ncbddd/actearly/milestones/milestones-4yr.html
  3. Lillard, A. S., Lerner, M. D., Hopkins, E. J., Dore, R. A., Smith, E. D., & Palmquist, C. M. (2013). The impact of pretend play on children's development: A review of the evidence. Psychological Bulletin, 139(1), 1–34. https://doi.org/10.1037/a0029321
  4. Parten, M. B. (1932). Social participation among pre-school children. The Journal of Abnormal and Social Psychology, 27(3), 243–269. https://doi.org/10.1037/h0074524
  5. Case-Smith, J. (2000). Effects of occupational therapy services on fine motor and functional performance in preschool children. American Journal of Occupational Therapy, 54(4), 372–380. https://doi.org/10.5014/ajot.54.4.372
Sobre la autora
Natalia Sánchez
Fonoaudióloga · Cerebros en Acción

Fonoaudióloga certificada con tarjeta profesional expedida por ASOFONO y Registro Único Nacional (RUN) No. 15-03210. Registrada y vigente en el ReTHUS — Registro de Talento Humano en Salud del Ministerio de Salud de Colombia. Especializada en comunicación temprana, evaluación del lenguaje infantil e intervención basada en juego. Dirige el equipo clínico de Cerebros en Acción en Medellín.